Quién no haya oído hablar del garum, se tratra de una salsa de pescado macerado (con un olor indiscutiblemente nauseabundo) originaria de Hispania pero muy apreciada por el antiguo Imperio Romano, el cual contenía una gran cantidad de umami.
Podríamos decir que el coupage de Merlot, Petit Verdot y Syrah de la añada de 2020 de Luis Perez que presentamos, llega a ser muy apreciado por todos aquellos que lo probamos (y repetimos siempre que la oportunidad lo merece), deleitándonos por su punto especiado a la vez que ligero a la entrada en boca, amplificando todos sus aromas y retrogustos, generosos y amables, durante todo el ciclo olfativo y gustativo. Un vino gaditano
Somos conocedores de nuestros gustos, de variedades (incluso si nos gustan más los monovarietales o los coupage), las diferentes denominaciones de origen, puntos diferenciadores de cada región, etc. Es cuándo pedimos la carta de vino y necesitamos probar, salir de nuestra zona de confort y elegir aquellos vinos desconocidos dónde nos conocemos.
Acostumbrada a los vinos norteños de las zonas de la DO Rioja, DO Tarragona, DO Penedés… Elegimos un vino proveniente directamente de la región Cádiz, completamente desconocida para mi, también a nivel vitivinícola. Un vino tinto que por menos de 12 euros nos hace viajar a un mundo paralelo de variedad de sensaciones y experiencias sensoriales. Sorprendentemente sorprendente.

Descorche cuidadoso y activación de la vista. Corcho con intenso olor a fruta madura. Servimos lentamente en copa: color granate de intensidad media alta, con ribete marcado. Lágrima deslizante, no se define como un vino denso, tampoco altamente alcohólico a simple vista.
Activamos el olfato a copa parada: fruta madura, notas de especias al final de la inhalación, complementadas con toques tostados, recordando ligeramente al café. Oxigenamos el vino y volvemos a inhalar. Sí, hay una intensificación de olores de especias (punto de pimienta) y mayor dulzor proveniente de la fruta muy madura, recordando a la compota.
Punto clave, nos llevamos las primeras gotas a la boca. Enjuagamos suavemente.
¡Y qué elegancia, qué suavidad, qué untuosidad!
Fruta, pero no demasiado dulce. Acidez, pero en perfecto equilibrio con las notas dulces. Madera, pero sin llegar a competir por ganar por el sabor. 12 meses de barrica que regalan un fascinante viaje de sabores. Perfecta estructura y cuerpo que se mantienen durante todo el recorrido. Segundo sorbo y aún mantenemos notas especiadas y tostadas al final del paladar. Aun siendo un vino tinto de crianza en barrica, los taninos no roban la personalidad del vino, son dulces y agradables.
Quien sabe degustar no bebe jamás el vino, sino que degusta secretos.
Salvador Dalí
Quizá nunca se haya hablado de con qué podríamos maridar una tarta de queso con punto picante del queso azul o Roquefort, ¿verdad?
Pues una de las mejores experiencias gastro-enológicas que sin saberlo ni quererlo (al principio), repitiéndose siempre que ambos manjares se encuentran a mi disposición, por desgracia, no diariamente.
Eso sí, siempre será superado por la compañía de un buen tártar de atún de la Almadraba. La pareja perfecta, la esencia viva, un indiscutible placer.

Hola Lorea, Bodegas Luis perez hace vinos muy chulos si te ha gustado este te recomiendo que pruebes alguno de sus vinos donde esta presente la uva «tintilla de rota» te sorependera la acidez y frescor de vinos tan al sur de Europa.