Cochinillo y Barolo

El otro día mi novio me dijo que nuestro amigo Cote había acabado 3 días de su dieta detox (lo hace unas cuantas veces al año y yo siempre le digo que eso no es bueno) y que le apetecía comer cochinillo para celebrarlo. Fuimos a recoger “al bicho” a Sacramenia y tomamos un vermú y ya en su casa nos contó que justo esa semana una amiga del pueblo que vive en Italia le había traído unas botellas de nebbiolo para acompañar el tostón. Pensé “ya tengo vino para el blog”. Y dicho y hecho.

Botella de Barolo Serralunga d’Alba

Se trata de un Barolo de la bodega Alessandro Rivetto de la añada 2018. Nos comentaba nuestro amigo que este vino se hace en Serralunga d’Alba, un municipio del Piamonte, al norte de Italia; y que la uva nebbiolo es la primera que brota pero la última que madura por allí, siendo su vendimia muy tardía, a finales de octubre o principios de noviembre. Se trata de la variedad de uva que más pruina posee.
Dicen que el nombre de nebbiolo se debe a las nieblas que rodean las colinas cuando sus uvas están maduras, en los primeros días de octubre, pero hay otra teoría que afirma que su nombre hace alusión a esa tupida pruina que cubre los granos, parecida a un banco de niebla que oscurece su color.
El precio en bodega es de 55 € y buscando vinos Barolo podemos comprobar que ningún vino de estas características baja de los 25 €.

Etiqueta trasera de la botella

Este vino se vendimia manualmente y se elabora con una maceración prefermentativa en frío tras la que se lleva a inoxidable donde tiene lugar la fermentación y tiene 20 días de maceración. Cuenta con una crianza mínima de 38 meses, de los cuales pasa 18 en barrica.
Al descorchar el vino observamos que se trata de corcho natural de alta calidad y en buen estado de conservación.

Vino en copa

En copa es un vino que sorprende ya de primeras, con un color granate con reflejos anaranjados, tirando a teja. No es a lo que estamos acostumbrados para un vino de esas características. En nariz se aprecian aromas herbáceos: monte (hierbas salvajes), violetas, cerezas y algo de fruta pasa. En boca es un vino fresco pero acaramelado, sencillo pero complejo a la vez. Acidez correcta. Al primer sorbo me quejo de su amargor…
-Tanino aéreo- dice Cote.
-Pues ahora me lo explicas- le contesto.
Dice que se notan los taninos en boca y que vuelven por la nariz, en el retrogusto. Justo eso mismo es lo que quería haber dicho yo. Al segundo trago, nada que ver, taninos amables y suaves. Esta uva quizás recuerde en boca a una pinot noir pero con más carga tánica.

El cochinillo asado en “Los Maribeles”, en Sacramenia, ¡cojonudo!

¡SALUD y viva Segovia!

Beatriz Cuéllar

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