¿Quién no recuerda este mítico anuncio de los 2000?
Esa música intensa y envolvente, esa voz grave y profunda, esos violines… estos vinos quedaron profundamente grabados en mi memoria cuando apenas era un crío que esperaba para ver su programa favorito en la televisión.
Más allá de los recuerdos, si algo me llamó la atención de este crianza cuando fui al supermercado fue su precio (¡Apenas 4€!) y que era del 2019, la última añada que el Consejo Regulador de Rioja ha considerado como excelente.
¿Habrá logrado la magia de una cosecha excepcional elevar este Crianza a un nivel superior?
García-Carrión
El grupo García-Carrión es el mayor productor de vino de Europa pero juega en dos ligas muy distintas.
Por un lado, Don Simón, la conocida marca de vino de brik barato que, lejos de cualquier crítica, actúa como el motor financiero perfecto con el que el grupo puede permitirse invertir en un as bajo la manga: los vinos de Denominación de Origen que elaboran en zonas como Rioja, Ribera, Rueda o Penedés.
Allí pueden permitirse trabajar a gran escala, en instalaciones de primer nivel y en zonas privilegiadas como Labastida (Rioja Alavesa), donde elaboran este Antaño en la bodega Marques de Carrión.
El resultado son unos vinos que, sin pretender los 100 puntos Parker, ofrecen una buena calidad técnica a un precio que nadie más puede igualar: nadie da más por menos dinero.

Promesas antes del descorche
Antes de servir la primera copa, la botella ya nos lanza un mensaje muy claro sobre lo que nos vamos a encontrar: tradición.

El propio nombre “Antaño”, junto a esa grabado de la bodega de estilo antiguo y un diseño sobrio y elegante busca convencernos de que nos encontramos ante un clásico, un vino que lleva elaborándose durante décadas.
Sin embargo, hay un detalle que rompe esa estética nostálgica: una franja azul eléctrico diseñada para captar la mirada en el lineal y gritarnos que se trata de un vino Crianza.
¿Es esta imagen de tradición solo un disfraz o conseguirá un vino comercial mantener la esencia de un Rioja clásico?
Al descorchar, el tapón nos devuelve a la realidad del mercado: el corcho es aglomerado.

¡Que empiece la cata!
¡Basta de juzgar un libro solo por su portada!
Vamos a ver qué nos ofrece el vino:
- Fase visual: A primera vista el vino presenta un color rojo rubí que, si inclinamos la copa, muestra un ribete ligeramente evolucionado. Es la huella lógica del tiempo: la crianza en barrica y los años en botella han dado lugar a este color pero el brillo nos garantiza que ha mantenido una buena acidez. Su capa media-baja y su cuerpo ligero nos habla de un vino con poca extracción que promete un paso por boca ágil y nada pesado.
- Fase olfativa: Busca impresionar rápido, es un vino de una intensidad aromática alta pero algo desequilibrada y es que la madera y los tostados son los absolutos protagonistas. Aunque la barrica ha marcado más al vino que la propia uva, con una correcta oxigenación se pueden captar los aromas a regaliz propios del tempranillo, cereza, pimienta y, mediante vía retronasal, se puede acceder a detalles mas complejos como frutos secos o incluso piel de naranja.
- Fase gustativa: Aunque tiene una entrada fácil y dulzona, el vino cambia de carácter rápidamente y esta aparente “amabilidad” se transforma y saca un carácter mucho más arisco y desequilibrado: aparece una acidez efímera, un amargor intenso que se queda agarrado al paladar y un tanino marcado y secante al que le falta algo de pulido.
¿Cumple con lo que promete?
La etiqueta nos prometía un vino crianza de Rioja de color rubí brillante y limpio, complejo en nariz y con un sabor agradable con un final largo, complejo y aterciopelado y, aunque en la fase visual y olfativa podemos decir que cumple con el guion pese a que busca impresionar rápido, lo que le lleva a caer en ciertos desequilibrios y aristas, en boca rompe la promesa.
Definirlo como «aterciopelado» es excesivo: la “amabilidad” inicial es un espejismo que desaparece rápido dando lugar a un tanino secante y un final arisco y amargo que marca distancia con la elegancia, sedosidad y pulido de los vinos que hicieron famosos a los vinos de Rioja.
¿Y dónde queda la excelencia?
La cosecha de 2019, la última calificada como Excelente por el Consejo Regulador de Rioja, no ha conseguido transformar este Antaño en un vino de colección pero si que ha logrado exprimir al máximo su potencial, siendo el año mejor valorado en las plataformas de reseñas y entregando la mejor versión posible de este vino, con una nariz que supera las expectativas para un crianza de ese precio pero sin llegar a cambiar por completo la naturaleza de un vino de cuatro euros.
En resumen…
Se trata de un vino que, dado el precio, puede ser una compra inteligente para acompañar comidas grasas (chuletas, quesos curados…), ya que éstas ayudarán a limpiar ese tanino secante pero, como Crianza de Rioja le falta el pulido, el equilibrio y la finura que se le presupone a la categoría.
Volviendo una vez más a la tele de los años 2000 de la que hablaba al principio, no se me ocurre mejor manera de cerrar este post que con el siguiente vídeo:
He dicho… ¡CASO CERRADO!
– Aitor Marín Magdaleno
